martes, 17 de noviembre de 2009

La Escuela Bruguera

Sin duda alguna, la ocasión lo merece: ha terminado la publicación de los 40 tomos de Clásicos del Humor, el coleccionable de RBA, dirigido y asesorado por Antoni Guiral. Este hecho me sirve de excusa para iniciar una serie de artículos que tienen como objetivo dar un repaso en detalle a las publicaciones accesibles hoy en día de los personajes y autores de la difunta editorial Bruguera.

Terminan, por tanto, cerca de 20 años de ostracismo para una gran cantidad de personajes y autores que fueron, seguramente, una de las partes más representativas de la historia del tebeo español. Evidentemente, ha habido excepciones: Mortadelo y Filemón han gozado de una salud excelente durante ese tiempo (a pesar de que Ibañez perdiera los derechos sobre ellos durante algún tiempo); personajes como Rompetechos o Superlópez incluso todavía siguen con vida hoy en día, pero sin duda han sido solamente eso, excepciones, que además han ido indudablemente acompañados de un éxito editorial significativo, que acumula ya varias décadas.


Vayamos por partes: primero, estamos hablando exclusivamente de los personajes de humor de la Escuela Bruguera (término habitualmente atribuído a Terenci Moix), ya que los cuadernos de aventuras publicados por esta editorial son otro tema aparte. Segundo, muchos de estos tebeos no fueron recopilados de forma medianamente digna ni siquiera durante los años en que la propia Bruguera era la editorial mas importante de tebeos en España. Parece mentira que muchos de ellos jamás hayan sido revisados en condiciones hasta ahora. De hecho, la mayor parte de las recopilaciones producidas con anterioridad no estaban accesibles al público en general, dejando el mercado de segunda mano como la única opción razonable para tener acceso a ellas. Tampoco eran exhaustivas y se limitaban generalmente a los autores o personajes mas populares. Tercero: indudablemente, gran parte del mérito de la consolidación de estas nuevas iniciativas editoriales corresponde al propio Antoni Guiral, aunque, como el indica, detrás haya una labor de grupo. Guiral se ha reafirmado como el estudioso más importante de la editorial Bruguera. Es periodista, divulgador, guionista y ensayista. Actualemente, dirige y escribe la enciclopedia Del tebeo al manga: Una historia de los cómics (Panini, 2007-2009), que todavía no ha terminado de publicarse.

Comenzamos por dos obras teóricas fundamentales, realizadas por el propio Guiral, editadas ya hace algún tiempo, pero que todavía pueden encontrarse sin excesiva dificultad en librerías especializadas y algunos grandes almacenes: hablamos de Cuando los cómics se llamaban tebeos (Ediciones El Jueves, 2004) y su continuación Los tebeos de nuestra infancia (Ediciones El Jueves, 2007).





Analicemos el primero de ellos. Además de una revisión de la historia de la editorial, comenzando en 1910 con El Gato Negro, empresa creada por Juan Bruguera Teixidó, se relata el panorama de los tebeos nacionales hasta 1936, pasando por el ascenso de la revista Pulgarcito a finales de los años cuarenta, la creación de El DDT contra las penas en 1951 (un razonable iniciativa destinada a acercarse a un público mas adulto), la espantada de Cifré, Conti, Escobar, Giner y Peñarroya en 1957 para auto editarse sus propios tebeos en su revista Tio Vivo; llevándonos hasta la fecha en la cual la editorial goza de una magnífica salud, tanto a nivel económico como creativo.

Guiral encuentra tiempo para aliñar la faena con una infinidad de temas interesantes como, por ejemplo, las tiradas de los tebeos de aquellos años. Un ejemplo de la barbaridad de las cifras que se manejaban entonces son las siguientes: mientras que en 1952 se publicaban 350.000 ejemplares de TBO (el líder de ventas, de Ediciones TBO), Pulgarcito llegaba a los 45.000 y el DDT alcanzaba los 50.000. Si os parecen pocas unidades, habría que añadir que los datos anteriores se refieren a la tirada semanal. Lo cierto es que son cifras de ventas pequeñas, ya que en los años setenta, estas cifras llegarían a cuadruplicarse.

Multitud de aspectos tienen cabida en la casi 350 páginas de la obra de Antoni Guiral: hay artículos dedicados a temas tan dispares como el rotulado de las historietas (lástima del hecho de que primeros de los sesenta se dejara de realizar a mano), una rápida revisión de las revistas de la competencia, la censura, ...

Peliagudo tema este último, tiene más enjundia de la que parece: el Ministerio de Información y Turismo, rápidamente se percató de la importancia creciente de los tebeos y, mediante el Decreto del 24 de Junio de 1955, donde se determinaban las pautas que marcarían los contenidos de las revistas infantiles y juveniles, debiendo evitar "toda desviación del humorismo hacia la ridiculización de los padres, de la santidad de la familia y del hogar", comenzó una sucesión de órdenes ministeriales que fueron minando poco a poco el verdadero espíritu de las series de Bruguera. Es por ello que, desde una perspectiva actual, la época más interesante de estas historietas es la que está en torno a la década de los cincuenta. Con anterioridad a esta época, era difícil de mantener una cadencia adecuada para la mayor parte de las publicaciones y, además, el estilo de sus creadores no se había pulido suficientemente por aquel entonces. A partir de mediados de los años sesenta, la censura, la autocensura, el incremento notable de la producción (que llegaría posteriormente a alcanzar un ritmo verdaderamente frenético), el fallecimiento de alguno de esos creadores y una excesiva autocomplacencia de los editores comienza a mermar gradualmente el interés de estas publicaciones, hasta el punto de que a mediados de la década de los setenta es bastante escaso, por no decir que prácticamente nulo (como siempre, con las consabidas excepciones).

Termina el libro con un amplio repaso de los personajes y autores más importantes de ese periodo, incluyendo algunas páginas de muestra de cada uno de ellos, reuniendo a un total de 38 personajes y 16 autores (aunque se incluye alguno de épocas posteriores, debido a su importancia, seguramente al no tener Guiral la certeza de si se llegaría a realizar una segunda parte).

En definitiva se trata de un estudio serio y exhaustivo de la etapa mas suculenta y, a la vez, mas desconocida de la editorial. Este libro viene a cubrir el importante hueco que había en las publicaciones teóricas acerca de los tebeos de este país. Y ojo que la tarea es titánica, y no ha hecho más que comenzar.






Tres años después se publica la segunda parte: Los tebeos de nuestra infancia, con una estructura bastante similar. Se relatan en él algunos momentos álgidos de la vida de la editorial, como lel lanzamiento de Gran Pulgarcito en 1967, claramente influida por la francesa Pilote, donde entre otras muchas cosas, seríamos testigos la transformación de Mortadelo y Filemón en agentes de la T.I.A., y, como consecuencia de ello, nacerían las nuevas colecciones en formato álbum como Ases del Humor (donde además de Mortadelo, destacarían Zipi y Zape y Anacleto, agente secreto). Algo después de la creación de las revistas Mortadelo y Super Pulgarcito, comenzaría a perderse el encanto, para comenzar después una larga y penosa decadencia, entre un auténtico aluvión de publicaciones, cada vez más gruesas, caracterizadas por una excesiva repetición de unos patrones pasados de moda, que entre reediciones de historias antiguas y remozados realizados por autores distintos a los originales, terminaron por aburrir a los lectores. A pesar de algunos intentos de última hora de reconducir la situación, bienintencionados pero tardíos, el cierre definitivo de la editorial se produce en Junio de 1986, después de más tres cuartos de siglo de existencia.

Esta segunda parte, excelente complemento de su antecesora, se cierra con un repaso a 31 personajes y a 15 autores, entre los que, significativamente, sólo hay cinco nuevos creadores con respecto al anterior volumen.

La semana que viene comenzaremos entrando en materia hablando del autor, que a la postre, ha sido el buque insignia de la editorial: Francisco Ibáñez.

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