martes, 9 de febrero de 2010

Raymond Briggs

Hace unos meses, tuvimos ración de Raymond Briggs en nuestro país por partida doble.  Astiberri publicó el pasado Septiembre un pequeño librito, en apareciencia muy cuco, con una de las obras del inglés destinadas al público adulto: Gentleman Jim. Su lectura resulta incómoda en ese formato tan pequeño, amén de necesitar al menos una lupa con un par de aumentos para poder escudriñar su contenido (que podía venir incluído por los 12 lerus que cuesta el tebeo de marras) .

 

Una vez superado ese "pequeño" inconveniente, he de reconocer que el tebeo me ha dejado bastante frío. Mi problema viene de antes. Véreis, hace menos de un año, se publicó también en nuestro país el DVD con la película de Jimmy T. Murakami, Cuando el viento sopla (1986), adaptando el tebeo homónimo de Briggs.


Recuerdo con entusiasmo la primera vez que ví la película (el cómic no lo leí hasta más tarde). Ese ambiente agobiante en la casa de los dos ancianos, la sensación de desesperación tras el estallido de la bomba, esa sensación de impotencia que generaba el asistir a ese drama sin poder hacer nada...

Bien, pues todo eso ha desaparecido con el tiempo. Bien es verdad que yo era más joven y la Guerra Fría se hallaba más presente en nuestras conciencias, pero lo cierto es el que paso del tiempo le ha sentado a esta obra verdaderamente mal. Los personajes, antes víctimas inocentes, se me antojan ahora maniqueos y estúpidos. La trama, antes candente y sensible, se torna ahora superficial  y peligrosamente blandita. El tiempo pone las cosas en su sitio, y pese a que se trate de una obra de denuncia, como tal, su interés ha caducado.

 

Peor le ha ido, por tanto, a Gentleman Jim. Si sustituímos la amenaza nucler por el exceso de la burocracia (este tema, sin embargo, es un clásico y no remite con el paso de los años, siendo,  como poco, igual de preocupante, o incluso más) el resultado final es pueril y el fiasco se hace todavía mayor (aparte de resultar repetitivo). Sin dotar de algo más de inteligencia o credibilidad a sus personajes, toda la obra chirría estrepitosamente, resultando un cúmulo de despropósitos, despojando finalmente al lector de todo el interés que pudiera poner por su parte. ¿Tan inocentes eran los años ochenta?

1 comentario:

Enrique dijo...

Me dejas impactado!!!!. Esta pelicula me impacto en su momento... No puedo creer que haya envejecido mal.
La volvere a ver.
Ya la he visto, bueno, no he sido yo, ha sido mi copia #5