domingo, 23 de mayo de 2010

Josep Escobar

Continuamos nuestro repaso del universo Bruguera con Josep Escobar, seguramente el más grande de los autores de la década de los cincuenta.

No podemos comenzar este recorrido sin glosar las excelencias de El mundo de Escobar (Ediciones B, 2008), hermosísimo libro de Antoni Guiral y Joan Manuel Soldelvilla, publicado con ocasión del centenario del nacimiento del barcelonés. De lectura absolutamente indispensable para el aficionado al tebeo, es sin duda, una de las mejores obras que existen en castellano sobre un autor de tebeos español.


 


Además, es el único libro en el que se pueden leer actualmente chistes del Profesor Tenebro, uno de sus personajes más llamativos y surrealistas. Esto me lleva de nuevo a pensar en el absoluto maltrato que se hace de la historia del tebeo patrio: recopilar estas decenas de chistes en un libro parece cosa fácil (y, si se me apura, de fácil salida comercial, dado el carácter macabro del personaje, que sin duda lo hace muy actual). En tanto, habrá que conformarse con la veintena que vienen aquí o acudir a la primera época de Tio Vivo (algo mucho más complicado, sin duda).



Resulta fácil hacerse con las correrías de Zipi y Zape, aunque para acudir a sus primeras aventuras lo mejor sea acudir a las primeras cuarenta páginas del primer volumen de los tres que le dedicó RBA a los gemelos en su coleccionable. Poca cosa para unos personajes tan importantes. A ver si con algo de tiempo, Ediciones B decide realizar una selección más amplia de las primeras planchas de estos personajes, de la misma forma que ha hecho recientemente con Mortadelo y Filemón en su nueva colección Maestros del Comic. Merece la pena deleitarse con los castigos que propina don Pantuflo a sus hijos, especialmente incorrectos hoy en día, y que sin duda, le acabarían llevando a la cárcel, dada la extrema crueldad de algunos de ellos.



Más opíparo es el segundo tomo dedicado a Carpanta en el coleccionable de RBA (el primero está repleto de esas anodinas y trasnochadas historias de los setenta). Resulta curioso observar como el hambre hace al protagonista tomar las decisiones más drásticas -como por ejemplo,  robar los biberones de los bebés que se encuentra en el parque-. Una demostración más de  un cruel costumbrismo, reflejo sin duda de la realidad de la época, que hacía que muchos de esas inocentes publicaciones, aparentemente dedicadas al público infantil, en la práctica, estuviesen bastante alejadas de ese concepto durante la década de los cincuenta y los primeros años sesenta.

El mejor Escobar, con mucha diferencia, es el dedicado a sus comedias costumbristas protagonizadas por personajes femeninos, de carácter fuerte, faltos de cultura, pero no de inteligencia, a los que el catalán dedicó buena parte de esa época. Tenemos la inmensa suerte de podernos hacer con dos tomos en los que se recoge profusamente buena parte de las mejores de sus respectivas series.



El primero de ellos es el de Petra, criada para todo. Sus primeras sesenta páginas son simplemente,  soberbias. Una lástima el no haber dedicado todo el volumen a glosar las andanzas de la sirvienta tartamuda y su mandona patrona.



Afortunados somos también con un volumen excepcional, que recomiendo a todo el mundo: el dedicado a Doña Tomasa en la colección Maestros del Cómic y que, sin duda, permite apreciar ese talento especial que tenía Escobar para realizar estos vodeviles. Sí sólo puedes escoger un álbum de entre todos estos, no lo dudes y házte con éste. Podremos ver la habilidad de Escobar para crear personajes como la pitonisa Sibilina, don Chicle (el Reed Richards español) o el enfermizo Don Salustiano.

No hemos tenido tanta suerte con otros personajes de Escobar del mismo o parecido corte: para leer una de sus mejores series, la mejor según muchos entendidos, tenemos que conformarmos con unas pocas páginas , Doña Tula, suegra, recopiladas en el último del coleccionable de RBA, el que lleva la portada de la Familia Trapisonda. Es difícil de entender que esta serie no esté publicada de manera íntegra en tomos, como pasaría en cualquier país decente. Supongo que algún día esta situación se corregirá, pero hasta entonces, habrá que conformarse con estas quince planchas.




Parecida suerte corren otras dos series de Escobar: Blasa, portera de su casa, ventiseis planchas en el tomo del coleccionable de RBA que lleva su nombre, donde,  de forma breve, podemos apreciar lo bien que el autor construye este tipo de personajes o en Doña Trini y sus animalitos, una de mis favoritas, con otra docena de páginas en el tomo dedicado al Pitagorín de Peñarroya. Al igual que sucede con el Profesor Tenebro, Doña Tomasa y Doña Tula, estas series necesitan de una publicación íntegra, ordenada y lo suficientemente cuidada lo antes posible. También tendría aquí cabida El dependiente Vicente, personaje del que,  tristemente, no se ha recuperado ni una sola plancha en los últimos años.



El resto de series de Escobar se divide en dos grupos: el primero,  más moderno, más con personajes de tercera fila, que han tenido un cierto éxito (Don Óptimo, Toby o Plim el Magno, por ejemplo), que también han tenido su huequecito en el coleccionable de RBA; el segundo, otro grupo de series mucho menos conocidas, (Aniceto, el artista completo, Melitón, bombero de aficción, Filomeno y su taxi Genovevo, entre otros). Para leer un par de páginas de estos personajes y conocerlos, podría haber sido interesante leer el tomo Lo mejor de Escobar (Colección Super Humor Clásicos nº 5, 2008), el cual se supone un lujoso homenaje a Escobar cuando se celebraron cien años de su nacimiento. Nada más lejos de la realidad, ya que este tomo, recopilatorio, contiene en realidad,  gran parte del Especial Escobar (1994, nº 57 de la colección Magos del Humor),  que se publicó con motivo de su fallecimiento (ya os vale ¿eh?). Ninguno de los dos es imprescindible,  pero ya puestos, me decantaría por el segundo.

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