miércoles, 16 de marzo de 2011

Manuel Vázquez

No debería emplear mucha palabrería para presentar a Manuel Vázquez, uno de los autores más conocidos de la historia del tebeo español. Al menos, en este caso, no será por falta de material. Su biografía se puede seguir, de forma bastante fiel, en la mas que visible película de Oscaraibar. Basta con eliminar de la película a Peláez, el personaje que encarna Álex Angulo, para hacerse con una idea bastante veraz de la vida de los que algunos consideran el más brillante autor de la Escuela Brugurera, incluso por delante de un Ibañez o un Escobar. Estos calificativos quizás puedan ser algo exagerados para mi gusto, así que mejor dejemóslo en que Manuel Vázquez pertence al trío de estrellas de esta escuela.



En cualquier caso, algo debe tener el madrileño, pues en las librerías especializadas pueden llegar a encontrarse, no una, sino dos monografías: la reciente by Vázquez, 80 años del nacimiento de un mito, de Antonio Guiral (2010, Ediciones B), y una con algunos años más: Vázquez (El dibujante y su leyenda), de Enrique Martínez Peñaranda (2004, Ediciones Sinsentido).


La primera de ellas sigue la excelente línea del resto de los libros de Guiral dedicados a Ibañez y Escobar. Además de ser exhaustiva y rigurosa con su biografía y obra, contiene páginas de varias series menos significativas como Mr. Lucky (Flechas y Pelayos, 1947), El pequeño sultán (Nicolás, 1951), Vidas ejemplares (DDT, 1957) o La Osa Mayor, agencia teatral (Can Can, 1958),  cuyo acceso resulta muy difícil de otra manera (por no decir imposible). 



La segunda monografía tiene el indudable mérito de haberse publicado cuando nadie se acordaba del maestro, ni había surgido este revival que vive ahora la escuela Bruguera. También es un estudio muy revelador, y de paso, confirma el interés creciente de este autor con el paso de los años.

En lo que a series emblemáticas se refiere, comenzamos su repaso con Las Hermanas Gilda. Actualmente, debería resultar sencillo encontrar alguno de los dos volumenes recopilatorios con las andanzas de las dos solteronas:  el de la colección Clásicos del Humor de RBA (2009),  y el número ocho de la colección Super Humor Clásicos (2009, Ediciones B). Son algo redundantes,  y si hay que escoger, me quedo con el primero: es más extenso y la selección de historias es más coherente y variada. Para Vázquez, Leovigilda y Hermenegilda pasaron a un segundo plano en los años setenta, por lo que las historias anteriores a ese periodo tienen más interés.


Otra de sus series más conocidas fué La Familia Cebolleta: es posible leer una selección decente de  historietas en el volumen que le dedicó RBA en 2009 dentro de su coleccionable Clásicos del Humor. Todo el mundo conoce las célebres batallas del abuelo Cebolleta; mucho más difícil es recordar a Pocholita, la hija mayor, que sólo figuró en las primeras entregas y a la que Vázquez dibujaba en un estilo mucho más realista que al resto de personajes.


Muy recientemente, Ediciones B ha dedicado el volumen 142 de la colección Magos del Humor a estos personajes. En esta ocasión, no se repiten historietas entre los dos álbumes, por lo que hay que hacerse con ambos.


Pero si hubo alguna serie del madrileño que verdaderamente tuvo éxito, ésta fue Anacleto, agente secreto. Durante los primeros años setenta fue uno de los personajes más famosos dentro de la editorial y, sin duda, uno de los favoritos del público. Actualmente, se pueden leer las aventuras más significativas de nuestro particular versión de Maxwell Smart en dos tomos recopilatorios bastante parecidos en su contenido: el correspondiente recopilatorio de RBA (2009) y el nº 9 de la colección Super Humor Clásicos (2009, Ediciones B).



Otro personaje, tremendamente significativo, y sin duda, una de las creaciones más personales del autor fué Angelito, un bebé en su canastilla, tremendamente extraño, debido a su adulta e independiente personalidad, que servía de excusa para el humor más surrealista que Vázquez desarrolló jamás. Afortunadamente, existe el excelente recopilatorio de 2009 de RBA para hacer justicia, que se encuentra entre los mejores de la colección y que, además, salda una deuda injusta con este personaje, raramente recopilado con anterioridad.



La larga lista de series parece no tener fin: tenemos que referirnos ahora al propio autor, que decidió autoretratarse en la serie Los cuentos del Tío Vázquez, el moroso por excelencia, recordado también por ser el vecino que vivía en el ático de la serie 13, Rue del Percebe, de Francisco Ibáñez. A raíz del estreno de la película El gran Vázquez, Ediciones B dedicó a este personaje, también escasamente recopilado durante los años setenta, el tomo 138 de la serie Magos del Humor (2010), incluyendo un prólogo de Santiago Segura.



En el tomo del coleccionable RBA La familia Trapisonda y otros personajes familiares (2009) se encuentran las mismas ocho primeras historietas que forman parte del tomo de la serie Magos del Humor dedicado a Los cuentos del Tío Vázquez, si bien no son los únicos personajes del madrileño que se incluyen en este volumen, ya que cuenta con doce planchas de la pueblerina Familia Gambérrez y otras dieciséis de la más conocida y a todas luces, actualmente incorrecta, Familia Churumbel.

De mucho más interés, en lo que a la obra de Vázquez se refiere, es el tomo del coleccionable RBA dedicado a Pitagorín y otros personajes inocentones. En él podemos encontrar a otro de sus personajes más conocidos: La abuelita Paz, de la cual se hacen escasas las dieciséis páginas que contiene; doce páginas (y por tanto, venticuatro historietas) del peculiar Angel Siseñor, otra gran creación de don Manuel. El tomo se completa con el algo más flojo Feliciano (16 pp) y doce páginas de Heliodoro Hipotenuso, una de las primeras creaciones del autor para la Editorial Bruguera.




Ventisiete casos de El inspector O'Jal se pueden encontrar en el recopilatorio de RBA (todos del 2009) Blasa, portera de su casa y otros personajes chapuceros, mientras que en el tomo de Don Berrinche y otros personajes frustados se pueden encontrar 22 portadas de la excelente revista Gran Pulgarcito con historietas del algo menos conocido Don Polillo, lo que completaría las lecturas  de las series denominadas clásicas del autor.

Aún así, he tenido que volver a recurrir al monográfico de Antoni Guiral  para encontrar el rastro de otros personajes menos importantes, pero que también habría que mencionar: Ali-Oli, vendedor oriental, La banda del barón, asuntos de precisiónArturito el marcianito o Currito Farola er niño e la bola. Es decir, Vázquez todavía tendría recámara para que se editasen más recopilatorios con historietas originales.

Otro cantar sucede con las distintas etapas de Vázquez que comienzan a partir de 1978, cuando comienza a trabajar como colaborador fijo de El Papus, bajo el pseudónimo de Sappo, su regreso a la historieta para menores en 1982, su regreso a Bruguera en 1985 y su paso por Ediciones B, la revista Makoki, o su época de los años noventa en El pequeño País o la revista Viñetas.




De estas etapas, el único material que se puede encontrar actualmente es el recopilatorio Lo peor de Vázquez (Glénat, 2010) que recopila lo publicado por Glénat en su momento, que a su vez corresponde a las colaboraciones en la revista Makoki (de donde se extraen las partes más cafres, para adultos), sus últimas colaboraciones para Bruguera y Ediciones B en Mortadelo y Superlópez y su última obra  larga, Las inefables aventuras de Vázquez, agente del Fisco (para la revista Viñetas, en 1994).

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