viernes, 27 de febrero de 2015

El Nao de Brown


Avalado por el premio del jurado del festival de Angoulême 2013, y confiado porque los últimos tebeos británicos que he leído me han dejado una agradable sensación, recogí con mucho interés esta obra, avalada por grandes críticas. La decepción ha sido terrible. Donde algunos ven sutileza, yo sólo he visto sensiblería. Una sensibilidad mas propia de un anuncio de compresas que de la "gran novela gráfica de los últimos tiempos". Lo siento, chaval, no he empatizado con tu historia, mas cerca del shojo japonés mas mainstream que de Miyazaki (¡hay que leer cada burrada que se de dice por ahí!). Un rollo muy zen, que no ha conseguido interesarme lo más mínimo. No me ha convencido ni uno sólo de los personajes que pululan por la historia, ni siquiera me he interesado por el trastorno sicológico de la protagonista. También me gustaría entender porque se dice que esta obra tiene varios niveles de lectura. O yo no los he visto, o están muy escondidos.


El apartado gráfico, sin embargo, está mucho mas cuidado y aquí, el autor, Glyn Dillon (su hermanísimo, Steve Dillon, es el dibujante de Preacher), hace una labor bastante más interesante. Los personajes son muy expresivos. Su composición de las viñetas es encomiable y algunas páginas son brillantes: por algo es un profesional del dibujo y de los storyboards. ¡Eso es! La sensación que tenía mientras leía esta obra era precisamente la de estar contemplando un guión para una película, eso sí, de las ñoñas. 
En España, la cuidada edición es de Normamuy parecida a la original de 2012, de la interesantísima editorial británica SelfMadeHero, a la que hay seguir muy de cerca.

Calificación: 3 /10

jueves, 26 de febrero de 2015

Silas Corey


No soy muy del guionista Fabien Nury. Érase una vez en Francia me pareció simplemente correcta, Tyler Cross lo tengo en el montón de pendientes y no me he acercado ni remotamente a otras series que no despiertan mi atención como Yo soy Legión o W.E.S.T.  
Silas Corey venía acompañada de buenas críticas, así que he hecho un intento por desperezarme y me he leído el primer álbum doble (coffret, que dicen los franceses) publicado por Dibbuks. Y me he aburrido.



Su guión me ha parecido del montón, falto de originalidad. De este primer ciclo, La Réseau Aquila (La red Aquila), sólo se salva el relativo interés que pueden tener las disputas entre dos políticos como Georges Clemenceau y Joseph Caillaux, así como conocer algún entresijo de la Tercera República francesa. Además, su protagonista me parece un trasunto algo desafinado del Profesor Bell, de Joann Sfar, que le adelanta por la derecha y por la izquierda. En cualquier caso, Érase una vez en Francia es una lectura un poco más intensa (ojo, sin pasarse). 

De su dibujante, Pierre Alary, al cual descubro para la ocasión, tampoco puedo hablar demasiado bien. Ni fu ni fa. Su estilo, muy en boga actualmente (ese que recoge la tradición clásica, pero que le introduce ciertos ademanes japoneses) es de los que menos me atraen visualmente, aunque he de decir que es correcto y tampoco peca de una exagerada liviandad (que hoy en día se confunde demasiadas veces con la capacidad de síntesis).




La serie, publicada en Francia por Glènat, acaba de comenzar su segundo ciclo de dos álbumes, denominado Le testament Zarkoff, ambientado un año después, justo cuando termina la I Guerra Mundial. La madrileña Dibbuks ha editado el álbum doble en castellano con el primer ciclo, además de otras obras, tanto de Nury como de Alary.

Calificación: 4-5 /10

domingo, 22 de febrero de 2015

A las cinco de la tarde


No consigo recordar tebeos ambientados en el mundo de los toros, la verdad. Por eso, no he tenido otro remedio que leer A las cinco de la tarde, de Manolo López Poy (guión) y Miguel Fernández (dibujo), autores desconocidos para mí. He conseguido a averiguar que esta pareja de autores publican originalmente en gallego (para Demo Editorial) y que dos de sus tres obras han sido traducidas al castellano Diábolo Ediciones, la que nos ocupa y Mamed Casanova. El hijo de la ira (Demo Editorial, 2011), basada en las andanzas de un bandolero de Ortigueira. 

Diábolo también ha realizado ediciones fuera de España de A las cinco de la tarde, traduciendo la obra al italiano, alemán y francés (donde se ha titulado como Matador).

Yo no soy muy de toros, así que me he puesto a buscar datos acerca del protagonista del tebeo, que no es otro que Lorenzo Pascual, alias "Monteño" o "Belmonteño", nacido en Belver de los Montes en 1921. Es relativamente conocido en España, hizo las Américas y alcanzó la fama en Sudamérica a finales de los cuarenta, hasta que se retiró en 1956.


Muy buen tebeo. Desde muchos puntos de vista. Para empezar, es un trabajo honesto y original. Está bien ambientado, bien recreado y bien ejecutado, tanto en el apartado gráfico como en el literario, no contiene demasiados aspavientos ni tampoco hace muchas concesiones a la galería. Ya hace casi un año que se publicó, así que podemos decir que ha pasado injustamente desapercibido, y creo que debería haber tenido mas suerte y mejor acogida.



Yo se lo recomiendo a todo el mundo, tanto al aficionado a los toros como al que no lo es. Su contenido nos habla de ilusión, de pundonor, de valores de otros tiempos totalmente distintos a los actuales. Miguel y Manolo, os he echado el ojo, así que seguir trabajando en esto, que el resultado merece la pena.

Calificación: 6-7 /10

jueves, 19 de febrero de 2015

Popeye de Bobby London


Uno de los personajes que más han sufrido la distorsión que provoca la fama ha sido, sin duda, Popeye. Infantilizado, estigmatizado y simplificado como pocos por las series de dibujos animados y versiones light de sus aventuras, hoy en día apenas nadie conoce de verdad a este personaje.

No me voy a poner a dar una charla sobre él, porque es un personaje mediático importante y circula información sobre él de manera abundante. Me conformaré con indicar que el auténtico Popeye surgió durante la época de la Gran Depresión de 1928, no necesitaba comer espinacas y sólo llego a pelearse con Brutus (un mero secundario que originalmente ni se llamaba así) en una de sus aventuras.

La tira de Popeye se llama Thimble Theatre (Teatro Dedal) y fue creada por E.C. Segar en 1919 para el New York Journal de William Randolph Hearst. Esta serie narraba las aventuras de Olive Oyl, su hermano Castor, su novio Ham Gravy y otros personajes. Popeye, de hecho, es un marinero, un personaje de reparto, contratado por estos últimos  durante la búsqueda de la gallina mágica Bernice, quee hizo su primera aparición en 1929, diez años después del comienzo de la serie. El Popeye de Segar es una obra maestra del cómic de todos los tiempos y su lectura es o-bli-ga-to-ria para todos los aficionados a los tebeos que se jacten de serlo.

Pero no es de este Popeye del que tenemos que ocuparnos hoy, ni tampoco del de Bud Sagendorf (el autor que realizó los tebeos que conocemos mayoritariamente los españoles), ni siquiera del Popeye actual, dibujado por Hy Heisman desde 1994. No, queremos hablar de la etapa de Bobby London, que realizó la tira desde 1986 hasta 1992, momento en el que fue despedido por el King Features Syndicate por realizar en sus páginas una alegoría sobre el aborto (Olivia trataba de devolver un bebe-robot que no recordaba haber solicitado a la tele-tienda).


The Library of American Comics, el espléndido sello de IDW especializado en la reimpresión de cómics norteamericanos clásicos, ha publicado dos volúmenes recopilando todo el Popeye de Bobby London. La madrileña Kraken tradujo hace poco el primero de ellos (esperemos que este año continúen con el segundo). Kraken también se encarga de publicar en España el Popeye de Segar, cosa que habría que celebrar, ya que la edición española es la que Fantagraphics realizó entre 2006 y 2012, y que en su momento dejó colgada Planeta. No es la primera vez que se intenta recopilar la serie de Segar  en nuestro país, pero si la primera que lo hace en formato álbum, en una mas que buena edición en tapa dura.


En las manos de London, Popeye vuelve a ser el de sus comienzos. Al principio de este primer tomo cuesta reconocerlo: sus tiras iniciales están concebidas como gags independientes, hilándose dos o tres de ellos a lo sumo; el trazo todavía no está suelto, se ve al autor demasiado cohibido. Esto es así durante las primeras ciento cincuenta páginas: salvo pequeños detalles que indican el carácter irreverente y revitalizador de Bobby London, confieso que estuve a punto de abandonar su lectura. No cabe duda, no obstante, de la admiración y el respeto que London siente por la serie, así como del profundo conocimiento que tiene de ella y de sus personajes, a la luz de lo que se puede leer en las páginas de este primer tomo.

Sin embargo, hacia un poco antes de la mitad del libro (tiene 340 páginas), la cosa empieza a cambiar. La Bruja del Mar (¡que hermosos y buenos son los personajes de Segar!) empieza a acaparar propiedades y negocios en Puerto Dulce, y el neoyorkino comienza a hacerse fuerte. Poco a poco, Bobby London se va haciendo con la serie. A partir de este punto comienzan a encadenarse aventuras ya concebidas como grupos de tiras, y el nivel sube espectacularmente. Así, poco después, los personajes viajarán a Beharanistán, donde se enfrentan a un régimen autoritario que guarda unas similitudes ideológicas  mas que calcadas a los movimientos integristas del Islam. London sigue aquí la mejor tradición de Segar, que también con varios años de anticipación envió a Popeye y compañía a Nazilandia, bastante antes de la ascensión de Hitler al poder. En su siguiente aventura, el marinero tuerto impide una invasión extraterrestre, para después tener que asimilar la ruptura con su novia de toda la vida, que decide independizarse para poder obtener su propio espacio vital. A estas alturas, London demuestra un dominio de la situación y una soltura envidiables, teniendo momentos sumamente brillantes, no sólo con el guión, sino también en el apartado gráfico, que se vuelve más vivo y derrocha naturalidad. La última serie de tiras narra como una extraña niebla transforma a los habitantes de Puerto Príncipe en determinados aspectos de su personalidad o de su físico; la lucha contra esta amenaza está a punto de terminar con Popeye, que casi muere en el intento de detenerla: sólo la mágica protección de Bernice conseguirá salvar al marinero de un trágico destino. 

London consigue, por tanto, una puesta al día de la serie, que además retoma en gran medida los valores originales de los personajes de Segar, edulcorados ya por el paso del tiempo. La nota que ha obtenido este volumen está perjudicada por sus primeras titubeantes páginas, cosa que parece lógica, dada la envergadura del asunto. Si el otro día hablábamos de tareas titánicas, pensad en que una de ellas es continuar estas series, verdaderos iconos del siglo XX, de una manera digna, con un enfoque nuevo y que además no defraude a sus seguidores de toda la vida.

Calificación: 7 /10

miércoles, 18 de febrero de 2015

El extranjero


La adaptación a otros medios de grandes obras literarias de peso me parece una tarea titánica. Ojo, no estoy hablando de adaptaciones literarias, sino de adaptaciones de grandes obras literarias. En el cine, desde luego, nunca ha sido tarea fácil: uno de los que mejor adapta es Visconti, con Muerte en Venecia (Thomas Mann) o El Gatopardo (Giussepe di Lampedusa); también hay que tener en cuenta a Greta Garbo, con Anna Karenina (Tolstoi/Clarence Brown) o La dama de las camelias (Cukor/Dumas). Podemos citar unas pocas más: Carta de una desconocida (Zweig/Ophüls), Las uvas de la ira (Steinbeck/Ford) o Moby Dick (Melville/Houston); en castellano, Tristana (Galdós/Buñuel), Los santos inocentes (Delibes/Mario Camus) o El coronel no tiene quien le escriba (García Márquez/Ripstein). Incluso podemos extender la lista con El señor de los anillos (Tolkien/Jackson), pero desde luego, la lista no saldrá muy extensa.

Con el tebeo, ya sólo el atreverse a realizar tal cosa me parece una osadía. No me estoy refiriendo a tebeos que revisiten una obra literaria, ni siquiera de aproximaciones o visiones personales de ella. Me vais a decir que esto ya se inventó hace mucho (¿quién no ha leído en alguna ocasión, por ejemplo, las Joyas Literarias Juveniles?). No, estamos hablando de hacer una adaptación en toda regla, que además de respetar la obra original, conserve la personalidad gráfica de sus autores. Se pueden dar multitud de ejemplos, sobre todo últimamente (yo he perdido la cuenta de unas cuantas de ellas la mar de decentes, que he ido leyendo durante los últimos doce meses).

Todo esto viene a raíz de la adaptación de la obra de Albert Camus por parte de Jacques Ferrandez, que como él, nació en Argelia, y, también como él, trabaja para la editorial francesa Gallimard. Ya en 2009, Ferrandez realizó L'Hôte, que escenifica la última obra de Camus, L'Exil et le Royaume. En 2013, le correspondió el turno a L'Étranger, la primera y según un acuerdo casi unánime, la obra maestra de Camus. En España, los dos álbumes han sido editados puntualmente por Norma (eso sí, mejor El extranjero que El huésped,  jibarizado por los oscuros designios de alguna mente pensante que decide reducir el tamaño de ciertas obras que se publican en España, con la excusa de no sabemos que astuta pirueta económica).

Ya que comenzamos hablando de cine, resaltaré que Ferrandez introduce una larga secuencia, en la que Meursault y Marie acuden a un pase de la película protagonizada por  Fernandel, Le Schpountz (1938)de Marcel Pagnol, a diferencia de la adaptación que realizó Visconti, en la que Mastroianni y Anna Karina misionan La ley es la ley, de 1958.


Nunca he sido un entusiasta del dibujo de Ferrandez, he de indicar que es el perfilado de sus figura el que me ahuyenta de su estética; pero por otro lado, en esta obra me fascinan las acuarelas a sangre que ilustran la obra, acuarelas que generalmente son paisajes, aunque a veces contienen otros motivos. Además de muy bellos, estas ilustraciones son las que insertan al lector en la narración. La solución de superponer varias viñetas parcialmente sobre estos dibujos es muy original y merece que se resalte, aunque en mi opinión, en general, estas viñetas me resultan menos atractivas (y eso que algunas de las páginas están especialmente bien resueltas con estas viñetas).





Jamás me ha gustado comparar, y si estáis esperando mi veredicto acerca de como es el tebeo en relación con el libro os vais a quedar con las ganas.  Mi respuesta es: hay que leer los dos (claro está, mejor primero el original). Una lectura para tomarse con calma, en cualquier caso.




Como curiosidad, me gustaría añadir que Lonely Planet publicó una bonita serie de guías de viaje con ilustraciones de diversos dibujantes de tebeos (traducción de las editadas en Francia a través de Casterman). La dedicada a Marrakech está realizada por Jacques Ferrandez.

Calificación: 7 /10